El periodismo está lleno de ratos muertos. Hay momentos intensos, entrevistas apasionantes y sucesos inesperados, pero sobre todo, muchas horas de espera y ratos muertos en los que lo más divertido es observar. Estoy en la sala de prensa de la CEOE, uno de esos lugares completamente asépticos, con potente iluminación artificial, alguna que otra pintura minimalista abstracta en las paredes y una larguísima mesa de reuniones de madera en forma de U. En un extremo, el logo azul y blanco, bien visible y los sillones más grandes; en el otro, las tomas de sonido y los primeros trípodes que empiezan a colocarse.
Por suerte hay una estantería igual de kilométrica que la mesa, llena de libros y fotografías. Me pregunto cuánto hay de azar y cuanto de minuciosidad en la selección. ‘Don Bosco en el mundo’ junto a una biografía de Carlos Berlanga; anuarios de Iberia, Endesa y otras empresas junto a catálogos de exposiciones del Museo del Prado. Por supuesto, hay Quijotes, varios. Y un volumen bien gordo titulado “The Crisis Times”, con una tipografía de lo más ostentosa.
Las fotografías son, casi todas, de reuniones de empresarios desde que se creó la confederación a finales de los 70, bautizadas sin eufemismos como “actos de afirmación empresarial”. En una aparece Aznar, en otra Adolfo Suárez. ¿Felipe…? No, Felipe no está. Zapatero sí, al final de la estantería; es la foto de los mosqueteros: sindicatos, patronal y Gobierno escenificando un simulacro de reedición de los Pactos de la Moncloa, en el mismo Salón de Tapices que en 1977. Ese gran acuerdo que nos iba a sacar de la crisis y por el nos subieron la edad de jubilación; lo que vino luego –elevación de los contratos de formación hasta los 30 años y supresión del límite a la contratación temporal- ya fue por decreto.
Han empezado a llegar más periodistas. Algunos se sientan solos y sólo se levantan cuando aparece el jefe de prensa para hablar con él, con el ceño fruncido y un aire interesante. ‘¿Y quien es tu jefe ahora? Ah, muy bien’. La mayoría en cambio hace piña, es la tribu, los que coinciden en los mismos ‘saraos’ día tras día y a los que la deformación profesional delata. Dos bombardean con preguntas a una tercera que acaba de llegar de una reunión en su periódico -este año pueden estar tranquilos pero el que viene quizá haya despidos-; otro reta a sus compañeros –no hay huevos de preguntar cuántos minijobs hacen falta para que una persona pueda tener un empleo decente-; y otra comenta espantada que este año le toca cubrir la Lotería, porque han despedido al redactor de Sociedad que lo hacía normalmente… Después de un silencio, su interlocutora le pasa un folleto de unas clases de yoga que llevaba en el bolso.
Llega Rosell. 20 minutos de retraso, más la media hora de espera previa. Empieza la rueda de prensa.

Observar es un arte y se te da muy bien. Quiero más intrahistorias de las historias oficiales!
Qué bien! Tengo otra en borradores…